Viaje a Ceylán, un viaje de película al marketing

admin | 13 mayo, 2021

 

 

 

Hace nueve años la marca Adolfo Domínguez tenía un reto en su línea de perfumería: llegar a un público más joven a través de unos valores con los que pudieran identificarse. Querían ofrecer un perfume que la gente relacionase con la pasión, la aventura, la fuerza y la frescura. Contrataron la campaña a la agencia Feel the Brand, que realizó un primer trabajo de Brand Equity, es decir, sobre el valor de la marca Adolfo Domínguez.

 

En esta primera fase, la agencia estudió el conocimiento, la lealtad, la asociación y la calidad de la marca que percibía la gente, porque de ello emanaría el desarrollo posterior. Y, en efecto, vieron la necesidad de dirigirse a otro público más joven mediante una celebrity que encarnara los valores y atributos con los que querían dirigirse al nuevo target.

 

Seleccionaron a varios actores, quedando como finalistas del proceso Eduardo Noriega y Mario Casas, ambos muy conocidos y con una gran capacidad de influencia por su excelente imagen. Por diversos motivos, entre otros la edad, fue Noriega el elegido, de manera que coincidiera con ese público de 35-45 años, que era el deseado por la compañía Adolfo Domínguez.

 

La campaña fue tan creativa como disruptiva. Un anuncio con formato de tráiler de película, con Eduardo Noriega y una bella actriz asiática. Una historia de amor y aventura en la antigua Sri Lanka, y un nombre sugerente para un perfume embriagador: Viaje a Ceylán. El resultado fue espectacular. La producción, la fotografía…, absolutamente todo salió de cine y nunca mejor dicho. Tanto fue así que mucha gente se quedó con las ganas de ver la película, que no existía, claro.

 

El marketing funcionó a las mil maravillas porque el producto se vendió y conquistó a la gente, pues además cumplía con las expectativas del tráiler. Y eso, en algo tan sensorial como una colonia, es determinante. Acostumbrados a historias muchas veces simples e incluso muy básicas de atracción irresistible entre un hombre y una mujer, aquí se añadía un componente de aventura que hacía a la marca enormemente atractiva y sugerente. Pero, además, lo disruptivo fue emplear el formato película, mediante un tráiler, para terminar de entusiasmar al personal. En definitiva, Adolfo Domínguez acertó de lleno y su perfume, Viaje a Ceylán, consiguió hacerse un hueco entre los grandes y en un nuevo segmento de mercado.

 

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